Educando en la Naturaleza
SDAEYC va a tener un gran congreso el 10 de mayo en el Colegio
Comunitario de Cuyamaca (Cuyamaca
College). Todo el día va a estar enfocado sobre el tema de la naturaleza y
el salón de clases. El libro de Richard Louv, Last Child in the Woods (El ultimo niño en el bosque), fue el
catalizador para este congreso. La mayoría de nuestra atención en la educación
temprana ha estado en el currículo en el salón, el ambiente del salón y
últimamente, la implementación de los nuevos fundamentos estatales para el
preescolar. El tiempo que los niños pasan fuera del salón de clases con
frecuencia es relegado a estar en las estructuras de juegos, en cajas de arena,
y/o en áreas con pasto. Richard Louv en su libro enfatiza el hecho de que hay
mucho más que el juego al exterior. Nuestro congreso pondrá en práctica muchas
de las ideas que están relacionadas con un salón orientado hacia a la
naturaleza.
En el último artículo hablé sobre mi dislexia cuando era niño. Una de
las oportunidades que mis padres me ofrecieron fue el asistir a una escuela
privada por un año. La prioridad de la escuela,
ostensiblemente, era ayudar a los niños con discapacidades de
aprendizaje. La filosofía de la escuela era la de desarrollar al niño en su
totalidad. La escuela estaba localizada a una cuadra de la playa. Como parte de
nuestro currículo, pasábamos un tiempo en la playa cada día escolar. ¡La
escuela soñada para un niño de Solana Beach! La escuela a la que asistí nos
permitía no solo jugar en el agua, sino investigar el océano. Pasábamos horas
en los charcos formados por la marea, catalogando las plantas y la vida animal,
observando los cambios de la marea, midiendo la temperatura del agua y tomando
muestras del agua, como parte de nuestro currículo de ciencia. Cuando
regresábamos a la escuela, integrábamos la naturaleza en muchas de nuestras
actividades del currículo en general. Los profesores integraban arte, escritura
e historia en muchas actividades prácticas, incorporando temas y materiales de
la naturaleza. Esencialmente, yo estaba teniendo en el tercer grado una práctica
apropiada para el desarrollo. Como se imaginarán, esta fue una experiencia
maravillosa que me llevó a un interés de por vida en la ciencia y en el océano.
Cuando fui a la universidad, mi carrera fue en oceanografía.
Cuando era niño, se me dieron otras oportunidades para estudiar y
trabajar con la naturaleza. Fui a clases en el zoológico de San Diego, el Museo
de Historia Natural de San Diego y con los Boy Scouts. Todas estas
oportunidades prácticas me llevaron a una vida apreciando el exterior y el medio
ambiente. Mi juventud también fue pasar tiempo en un cañón atrás de la casa de
mi abuelo. Este cañón, con los estándares actuales, estaría considerado
peligroso para que un niño jugara en el. Pero siguiendo la filosofía de Richard
Louv, yo conocía cada parte del cañón en mi corazón. Sabía las huellas de los
animales que podíamos seguir. Sabía donde estaban las cascadas después de la
lluvia. Sabía donde estaban los mejores árboles para trepar. De acuerdo a
nuestra sociedad actual, mis padres serían considerados irresponsables porque
estábamos sin supervisión en un ambiente natural y sin ninguna protección. Sin
embargo, nunca nos mordió una serpiente, nunca nos hizo daño una planta
venenosa y nunca nos rompimos un tobillo en los numerosos acantilados que
escalamos. Quizás tuvimos suerte, pero más bien fue que crecimos teniendo
respeto y conocimiento de la naturaleza y el ambiente mas allá de los confines
seguros de nuestro jardín de la casa. La percepción actual de la sociedad es
que nuestros niños viven ahora en un mundo peligroso e inseguro, pero no tienen
que preocuparse de las serpientes y/o las caídas. Nuestros niños tienen miedo
de las experiencias en el exterior por los predadores sexuales, por los cargos
de traspasar propiedad privada y los bravucones de la colonia. Como educadores,
podemos hacer nuestra parte contrarrestar algunas de las desconexiones de
nuestros niños con la naturaleza. Al traer la naturaleza al salón, a nuestras áreas
exteriores de juego y llevando a nuestro niños al medio ambiente podemos
ofrecerles muchas de las experiencias que enriquecerán su comprensión del mundo
en el cual ellos viven.
Richard Louv habla de las
experiencias primarias y las experiencias secundarias. Un gran porcentaje de
los niños pequeños conocen la naturaleza a través de la televisión y ver videos;
están viendo la naturaleza, no tienen una experiencia de ella. Los salones de educación
temprana necesitan proveer tantas actividades de experimentación como puedan;
necesitamos ir más allá de las fotos, videos y monitores de computadoras.
Nuestro congreso en el Colegio Comunitario de Cuyamaca (Cuyamaca College), junto
con el libro de Richard Louv, busca ofrecerles experiencias e ideas que harán
que sus niños se involucren con la naturaleza y el medio ambiente.
Para ser justo con los lectores, les quiero decir algo. Por haber pasado
un maravilloso año en una escuela privada en la playa, tuve que repetir el
tercer grado cuando volví a entrar al sistema escolar público, ese fue el
precio que tuve que pagar. Fue devastador para un niño pequeño con el temeroso
estigma de reprobar, pero viéndolo retrospectivamente, ¡valió la pena! ¡Fue el
mejor año escolar de mi vida! Por favor recuerden esto cuando nos veamos obligados a estar preparados para
las tres R’s y los fundamentos.
La naturaleza y la ciencia no son negociables ni/o una actividad
optativa que pongamos en nuestros planes de trabajo ocasionalmente. Para muchos
niños es la llave del aprendizaje. Sea el niño pequeño que quiere hacer un
zoológico de insectos o la niña que quiere saber por que el pasto se hace café
durante el verano. Todos tenemos una unión intrínseca, una necesidad, de ser
una parte de la naturaleza y del mundo. Nutramos a los científicos en todos nosotros
ofreciendo a nuestros niños las oportunidades para interactuar activamente con
su mundo.